El equipo social de la Oficina del Casco Antiguo ha encontrado que la mayoría de los adolescentes y niños de estos grupos proviene de núcleos familiares destruidos. Su socialización en la familia y la escuela ha estado marcada por la violencia verbal y física y el menosprecio. Con frecuencia el consumo de drogas, por presión de amigos, es el primer paso que les lleva a unirse a una pandilla. Muchos niños y adolescentes que se vinculan a las pandillas abandonan la escuela. La pobreza, la falta de opciones para desarrollar talentos, la carencia de espacios de entretenimiento y la falta de herramientas para resolver conflictos sin apelar a la agresión, incrementan las posibilidades de que se involucren en episodios de violencia.
En el 2005, el equipo de la OCA participó en "Por una esperanza", programa del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) que fomentaba el diálogo entre las pandillas como vía para frenar la violencia y promover pactos de no agresión. El programa buscaba generar alternativas para acompañar el regreso al sistema educativo o el ingreso a programas de capacitación. La OCA se comprometió a incorporar a sus proyectos a integrantes de estos grupos, mayores de edad, en trabajos que no requirieran de mano de obra calificada.